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EL SERVICIO A LA COMUNIDAD

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EL SERVICIO A LA COMUNIDAD

Les invito yo, el preso de Cristo, a vivir de acuerdo con la vocación que han recibido. Sean humildes, amables y pacientes, y sopórtense los unos a los otros con amor. Mantengan entre ustedes lazos de paz y permanezcan unidos en el mismo espíritu. (Efesios 4:1-3).

INTRODUCCION

Este tema está dirigido a aquellas personas que han aceptado el llamado del Señor para servirle en su comunidad cristiana. Ante todo debemos ser conscientes de que nuestra responsabilidad es grande, ya que es al Señor a quien deberemos rendir cuentas de nuestra actuación y de la repercusión de la misma ante las personas a quienes nosotros serviremos.

El objetivo es que distintas personas entren a formar parte de los diferentes Ministerios de la Iglesia para que, a su vez, se dediquen al servicio a los demás. Por ello nuestro grado de responsabilidad es aún mayor porque quizás nuestra entrega, servicio y responsabilidad influirá en la actitud de cada persona que nos observe en cómo debe seguir al Señor.

Para evitar fracasos en la misión de cada cual, y también para hacer que exista entre todos los servidores un cordial clima de colaboración, debemos conocer los distintos aspectos del servicio, lo cual intentaremos explicar a continuación.

Para ello, las distintas áreas que vamos a enfocar son:

  • El servidor
  • El llamado
  • La oración personal
  • Los carismas
  • El Líder
  • La unidad

EL SERVIDOR

“Entonces se sentó, llamó a los Doce y les dijo: si alguno quiere ser el primero, que se haga el último de todos y el servidor de todos” (Marcos 9:35)

Ante todo, el servidor es la persona que ayuda a otras a realizarse en una vida de fe, tanto a nivel personal como a nivel comunitario, atendiendo el llamado que el Señor le ha hecho y que él ha aceptado.

Como su nombre indica, el servidor es una persona comprometida con Dios en favor de los demás, y como tal tiene determinados compromisos que cumplir, de los cuales se derivan muchas responsabilidades.

  • El primer compromiso es con el Señor, que es quien lo escogió.
  • El segundo compromiso es con la Iglesia y con sus hermanos.
  • El tercer compromiso es con sus demás compañeros de servicio.

En todo momento el servidor debe manifestar su lealtad, aprecio y respeto tanto para con el líder del equipo como para los demás servidores y también con toda su comunidad.

Es necesario que como católicos estemos bien formados en todos los aspectos de nuestra vida cristiana. Recordemos que un servidor debe estar preparado en todo sentido, tanto espiritual como magisterial. Un servidor sin preparación es como un ciego que trata de guiar a otro ciego.

Soltémonos y sirvamos a Dios con el carisma que él nos dio pero, sobre todo, hagámoslo por amor y dejándonos guiar por el Espíritu del Señor para cumplir su voluntad, aunque ésta no sea la nuestra.

EL LLAMADO

“Síganme y les haré pescadores de hombres” (Mateo 4:19).

¿Recuerdas el día en el que te llamó el Señor y tú, con gran entusiasmo, le dijiste: "Sí Señor, aquí estoy”?  Con el tiempo uno se va dando cuenta que esa promesa muchas veces queda solamente en promesa, pues hemos experimentado que servirle al Señor no es tarea fácil. Pero pensemos que no podemos decir que amamos a Dios cuando en realidad no estamos sirviendo al prójimo.

Dejémonos conducir por El en medio de nuestra vida y al final, como dice San Pablo, “se reconocerá a cada cual de acuerdo con lo que hizo” (1Cor. 3:8).

LA ORACION PERSONAL

“Tú, cuando ores, entra en tu pieza, cierra la puerta y ora al Padre, que comparte tus secretos. Y tu Padre, que ve los secretos, te premiará. Al orar no multipliquen las palabras como hacen los paganos que piensan que por mucho hablar serán atendidos. Ustedes no recen de ese modo porque antes de que pidan, el Padre sabe lo que necesitan” (Mateo 6:6-8).

La oración es la manera de conocer nuestro llamado y de cómo podemos servirle a Dios por medio del carisma que nos ha dado, además de que es el motor de nuestra vida cristiana y de nuestro servicio.

Cuando hablamos de oración siempre nos referimos a ese instante en el que lanzamos una o varias palabras al Cielo, convencidos de que Dios nos escucha. Algunas veces lo hacemos por intuición y otras por fe, pero la verdad es que orar va mucho más allá de todo eso.

Así como rezar es decir en voz alta una oración a Jesús, orar es entrar en un diálogo directo con el Padre en medio de un respetuoso silencio. Es una relación entera, íntima y profunda, tratando de alcanzar un encuentro vivo y real con cada una de las palabras que le hablamos o con las que El nos habla.

Es decir, debemos buscar en nuestro corazón una experiencia profunda de paz, amor y confianza, procurando siempre tener el alma limpia. En el momento en que profundizamos en la oración vamos buscando la presencia del Padre, apartando nuestro pensamiento de todo cuanto nos rodea hasta llegar a ese momento feliz en el que le contemplamos, adorándole y exaltándole con cada palabra que le decimos o que de Él recibimos.

Es como aquella vez que un sencillo obrero dispensaba largas y silenciosas visitas al Santísimo. El sacerdote le preguntó un día qué era lo que él le decía al Señor, y el obrero respondió: Yo no le digo nada, simplemente le miro y El me mira a mí.

LOS CARISMAS

“Hay diferentes dones espirituales, pero el Espíritu es el mismo; hay diversos ministerios, pero el Señor es el mismo; hay diversidad de obras, pero es el mismo Dios quien obra todo en todos. En cada uno el Espíritu revela su presencia con un don, que es también un servicio”  (1 Corintios 12:4-7).

Un carisma es un don espiritual que nos da el Espíritu Santo para la edificación nuestra y de la comunidad cristiana, y se recibe de manera independiente de los méritos del individuo, pero nunca es una señal de santidad o de mayor unión con Dios. En muchos pasajes de sus cartas, San Pablo habla de los carismas como de dones ministeriales y los asocia con algún ministerio para que las comunidades cristianas puedan crecer colectivamente en Cristo.

EL LIDER, SERVIDOR DE TODOS

“Les pondré pastores según mi corazón, que los alimenten con inteligencia y prudencia”  (Jeremías 3:15).

Todo equipo de servidores debe estar dirigido por un líder o coordinador que sea capaz de orientar, liderar y guiar a los miembros de su equipo hacia objetivos y metas adecuadas.

Por mucha capacidad que posea un líder no podría llevar a cabo toda la tarea al no contar con el tiempo suficiente ni poseer todos los carismas necesarios para ello. Por lo tanto, debe saber delegar en otras personas que tengan el carisma necesario para una determinada área de servicio y dedicarse a coordinar las distintas facetas.

Si algo un líder debe aprenderse bien es la lección del servicio. Un líder no es el amo o jefe de su grupo, sino que es el servidor de todos y debe estar pendiente de los miembros de su equipo, saber cuáles son sus necesidades y solidarizarse con ellos en todo momento.

Lo positivo de esto es que un líder que sirve a los demás motiva a otras personas a servir. Por el contrario, un líder orgulloso hace que haya más gente orgullosa. Y un líder egocéntrico y sin capacidad para delegar hace que en el grupo exista la discordia, cuando lo único que debería prevalecer es la armonía.

El secreto del líder está en conquistar de sus subordinados:

  • el entusiasmo
  • la lealtad
  • la iniciativa
  • la entrega de corazón

LA UNIDAD DEL EQUIPO

“Permanezcan firmes en un solo espíritu y luchen con un solo corazón por la fe del Evangelio”  (Filipenses 1:27).

La unidad dentro del equipo debe materializarse en la uniformidad de criterios, fe, principios, trabajo y motivaciones, y ser dirigido por un líder  o coordinador competente. El desarrollo de un equipo de servidores debe tener a la unidad como pilar o columna de sostenimiento para perdurar en el tiempo. Si cada miembro del equipo actúa de forma independiente del resto haciendo caso omiso a las directrices de su coordinador, el fracaso personal y colectivo está asegurado.

En conclusión, debemos cultivar e invertir tiempo y esfuerzo en el fortalecimiento de estas tres bases:

  • Comportamiento digno          (Integridad)
  • Firmeza en el propósito         (Identidad)
  • Esfuerzo conjunto                  (Unidad)

Cuando contamos con estas tres bases arraigadas sólidamente en cada uno de nosotros, no importan las luchas y problemas que vengan porque a partir de nuestro fundamento, que es Cristo, alcanzaremos el desarrollo continuo de un equipo convincente, duradero, dinámico y enérgico, capaz de lograr metas y objetivos sorprendentes, para la honra y gloria de nuestro Señor.

 

Tengan un mismo amor, un mismo espíritu, un único sentir, y no hagan nada por rivalidad o por vanagloria. Al contrario; que cada uno, humildemente, estime a los otros como superiores a sí mismo. No busque nadie sus propios intereses, sino más bien el beneficio de los demás. Tengan unos con otros los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús  (Filipenses 2:2-5).

 


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