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La doctrina de las indulgencias

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La doctrina

La doctrina de las indulgencias es un concepto de la teología católica estrechamente ligada a los conceptos de pecado, penitencia, remisión y purgatorio. En su formulación actual consiste en que ciertas consecuencias del pecado, como la pena temporal del mismo, pueden ser objeto de remisión o indulgencia, concedida por determinados representantes de la Iglesia y bajo ciertas condiciones.

Esta facultad se remonta al cristianismo antiguo, y tanto su práctica como su formulación han evolucionado a lo largo del tiempo. La doctrina protestante no la acepta por considerar que carece de fundamento bíblico. Por tal razón, a partir de la Reforma Protestante sólo fue objeto de desarrollo en el ámbito de la Iglesia Católica.

Etimología y definición

Según la RAE, la indulgencia es la facilidad en perdonar o disimular las culpas o en conceder gracias. Es la remisión ante Dios de la pena temporal correspondiente a los pecados ya perdonados, la cual se obtiene por mediación de la Iglesia.

El término ‘indulgencia’ proviene del latín ‘indulgentia’, que significa ‘bondad, benevolencia, gracia, remisión y favor’.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos proporciona una definición más precisa: ‘La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones, consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos’ (Catecismo Católico, Numeral 1471).

¿Qué es una indulgencia?

Una indulgencia es una remisión extrasacremental de la pena temporal debida, según la justicia de Dios, por el pecado que ya ha sido perdonado. Una remisión que es otorgada como consecuencia del poder de las llaves, mediante la aplicación de los méritos sobreabundantes de Cristo y de los santos, y por justos motivos.

Para entender esta definición hay que tener en cuenta el siguiente aspecto:

En el Sacramento del Bautismo se perdona no solo la culpa del pecado, sino también toda la pena adjunta al pecado. En el Sacramento de la Penitencia se remueve no sólo la culpa del pecado y, conjuntamente con ella, también la pena eterna merecida por el mismo. Pero el castigo temporal requerido por la justicia divina permanece, y este requerimiento debe ser satisfecho, sea en esta vida o en la vida futura; es decir, en el Purgatorio. La indulgencia ofrece al pecador arrepentido la posibilidad de saldar o de aligerar esta deuda durante la vida terrenal.

En otras palabras, el pecado es totalmente perdonado, es decir, sus efectos totalmente borrados, sólo cuando se ha realizado la completa y total reparación, lo que significa el perdón de la culpa y remisión de la pena. De ahí que el Papa Clemente V (1305-1314) condenara la práctica de aquellos proveedores de indulgencias que pretendían absolver de culpa y pena después del pago previo de determinada cantidad, lo cual constituye una simonía. El Concilio de Constanza de 1418 revocó todas las indulgencias que contenían esa formulación, mientras que Benedicto XIV (1740-1758) las trataba como ‘indulgencias espúreas’ las concedidas bajo dicha ilícita formulación.

Una indulgencia es válida tanto en el Tribunal Eclesiástico como en el Tribunal de Dios. Esto significa que no sólo libra al penitente de sus deudas ante la Iglesia o de cumplir con una pena canónica, sino que también le libra del castigo temporal del que se ha hecho merecedor ante Dios. Castigo que, sin la indulgencia, el pecador debería recibir a fin de satisfacer la justicia divina. Sin embargo, esto no significa que la Iglesia pretenda dejar de lado los reclamos de la justicia divina o que ella permita al pecador despreciar la deuda contraída con su pecado.

Disposiciones necesarias para ganar una indulgencia

El solo hecho de que la Iglesia conceda una indulgencia no significa que la misma pueda ganarse sin esfuerzo por parte del fiel. De acuerdo a lo mencionado anteriormente, el que recibe la indulgencia debe estar libre de la culpa del pecado mortal.

Además, para indulgencia plenaria, habitualmente se requiere confesión y comunión, mientras que para las indulgencias parciales la confesión no es obligatoria, si es que el que quiera ganársela tiene, al menos, el corazón contrito.

¿Quién puede conceder indulgencias?

La distribución de los méritos contenidos en el tesoro de la Iglesia es un ejercicio de autoridad o ‘potestas iurisdictionis’, no del poder concedido por el Sacramento del Orden Sagrado o ‘potestas ordinis’. De este modo el Papa, como cabeza suprema de la Iglesia en la tierra, puede otorgar todo tipo de indulgencias a todos y cada uno de los fieles, y sólo él puede otorgar indulgencias plenarias.

El poder de los obispos, antes irrestringido, fue limitado por el Papa Inocencio III (1215) al poder de otorgar un año de indulgencia por la dedicación de una iglesia, y de cuarenta días en otras ocasiones. León XIII en su Rescripto del 4 de julio de 1899 autorizó a los obispos de Sudamérica el poder de otorgar ocho días de indulgencias. Pío X, el 28 de agosto de 1903 permitió a los cardenales en sus iglesias titulares y diócesis, otorgar doscientos días, a los arzobispos cien y a los obispos cincuenta.

Estas indulgencias no son aplicables a los fieles difuntos. Pueden ser ganadas por personas que no pertenecen a esa diócesis, pero temporalmente y dentro de sus límites. También por los súbditos del obispo que las conceda, sea que se encuentre en la diócesis o fuera de ella, excepto si la indulgencia es local. Los sacerdotes, vicarios generales, abades y generales de órdenes religiosas no pueden conceder indulgencias, a menos que se les autorice a hacerlo específicamente. Por otro lado, el Papa puede permitir a un clérigo no sacerdote conceder alguna indulgencia (Santo Tomás, ‘Quodib’, II, q. VIII, a. 16).

Errores más frecuentes sobre las indulgencias

Una persona puede comprar su salida del infierno mediante las indulgencias.

Este es un error habitual, debido a la ignorancia. Las indulgencias sólo remitan penas temporales, no pueden remitir la pena eterna del infierno. Una vez que alguien está en el infierno, ninguna cantidad de indulgencias cambiará jamás ese hecho. La única manera de evitar el infierno es apelando a la misericordia eterna de Dios mientras todavía estamos en vida. Luego de la muerte, el destino eterno queda fijado: Hebreos 9,27.

Una persona puede "comprar el perdón" con indulgencias:

La definición de indulgencias presupone que el perdón ya ha tenido lugar: "Una indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa"(7). Las indulgencias no perdonan pecados en absoluto. Sólo conciernen a las penas que permanecen luego de que los pecados han sido perdonados.

Si la Iglesia tiene los recursos y el poder para borrar todas las penas temporales de todas las personas, ¿por qué no lo hace?

Porque Dios no desea que se haga. Dios mismo instituyó el hecho de que las penas temporales permanecieran. Estas penas temporales llevan a cabo funciones válidas, una de ellas disciplinaria, al igual que hacen los padres con los hijos. La Iglesia no puede borrar todas las penas temporales porque su remisión depende de las disposiciones de las personas que sufren esas penas temporales. Así como el arrepentimiento y la fe se requieren para la remisión de las penas eternas, también son necesarios para la remisión de las penas temporales

Una persona puede comprar indulgencias

El Concilio de Trento instituyó severas reformas en la práctica reformas en la práctica de conceder indulgencias y, a causa de anteriores abusos, en 1567 el Papa Pio V canceló todas las concesiones de indulgencias que tuvieran que ver con estipendios u otras transacciones financieras. Las indulgencias se desarrollaron a partir de una reflexión profunda sobre el sacramento de la reconciliación. Son una manera de acortar la penitencia de la disciplina sacramental y estaban en uso siglos antes de que aparecieran problemas relaciones con el dinero y con Lutero.
Una indulgencia acortará el tiempo en el purgatorio en un número fijo de días

El número de días que solía asociarse con las indulgencias era una referencia al período de penitencia que uno podría realizar durante la vida terrena. Se desconoce lo duradero que puede ser el purgatorio para cada persona concreta. Hasta el Concilio Vaticano II se decía que cada indulgencia remitía un cierto número de "días" de la disciplina de una persona -por ejemplo, un acto podía ganar "300 días de indulgencia"- pero el uso del término "días" confundía a la gente, dándoles la impresión errónea de que en el purgatorio sigue existiendo el tiempo y de que podemos calcular nuestro "tiempo de descuento" en una manera matemática. El número de días asociado con las indulgencias realmente nunca significó que esa cantidad de "tiempo" fuera descontada de la estancia que le correspondiera a alguien en el purgatorio. En lugar de ello, significaba que se concedería un monto de remisión indefinido pero parcial, proporcionado a lo que los antiguos cristianos hubieran recibido llevando a cabo obras piadosas durante esa cantidad de días.

Para solucionan esta confusión, Pablo VI emitió una revisión del Enchiridion o manual de indulgencias. Hoy ya no se asocian cantidades de días con las indulgencias, que pueden ser plenarias o parciales. Sólo Dios sabe exactamente lo eficaz que es una indulgencia parcial o si se ha recibido de hecho una indulgencia plenaria.

Una persona puede comprar indulgencias para que se le perdonen pecados futuros

La Iglesia siempre ha enseñado que las indulgencias no se aplican a pecados aún cometidos. Una indulgencia no es un permiso para pecar, ni un perdón del pecado, ni un perdón del pecado futuro. Su beneficio recae únicamente sobre faltas realizadas con anterioridad. (Indulgentarium doctrina Nº 1)

Conclusión

Las indulgencias subsisten tanto en la doctrina católica como en la práctica. Totalmente desconectadas del contexto que las vio nacer, las mismas conservan ciertamente un interés teológico e histórico.

Pero en el terreno temporal, su papel fuera del ámbito eclesiástico carece de la significación de otras épocas. La práctica de las indulgencias fue encuadrada por la Congregación de las Indulgencias, creada por el Papa Clemente VIII (1592-1605) e integrada a ala Curia Romana por Clemente IX en 1669. Sus competencias fueron transferidas en 1908 al Santo Oficio y en 1917 a la Penitenciaría Apostólica. El Código de Derecho Canónico de 1083 las regula detalladamente en su Libro IV, Parte I, Título IV, Capítulo IV, Cánones 992 al 997.

‘El que gana indulgencias no se libra absolutamente de la pena que merece, sino que se le conceden los medios para saldarla’ Santo Tomás de Aquino (suppl. XXV, a. 1 ad um)

Bibliografía

.- Vivir el jubileo - Joan Galtés
.- Código de Derecho Canónico - Canon 992
.- Las indulgencias - Bellarmine
.- El origen de las indulgencias - Amort
.- Tratado dogmático y práctica de las indulgencias - Bouvier

 

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